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LSN108. Me han despedido

Estos días he visto pasar mucha información por delante.

Cada vez menos sobre lo que está ocurriendo en general. Cada vez más sobre lo que nos afecta en particular.

Historias bonitas que nos hacen no perder la esperanza. Historias trágicas de gente que se ha marchado para siempre.

Y despidos.

Personas que son muy buenas en lo que hacen y que se han quedado sin trabajo.

Todo tipo de profesionales, pero me ha llamado la atención que hay un buen número de developers.

Esta vez no me ha tocado, aunque si sufro una bajada de facturación en mi propio negocio.

Pero la otra vez, la de la famosa crisis de 2008, me tocó de lleno.

No estoy al día del mercado laboral, hace siglos que no voy a una entrevista de trabajo, pero comparto qué pasó y cómo reaccioné por si a alguien le sirve.

Doble.

Consuelo y motivación.

Una empresa fallida

Precisamente en 2008 empecé a trabajar en un reluciente nuevo equipo que se había formado en una empresa alicantina: Cesser Digital.

Eran los tiempos donde hacer una web de una inmobiliaria se pagaba al mismo precio que las propias casas.

Acababa de hipotecarme, para no perder "la oportunidad" antes de que "subieran los precios".

La empresa funcionaba como un reloj: pagos puntuales con propina, proyectos propios y de clientes a mansalva, estrategia de crecimiento imparable, unos colegas maravillosos...

Me hicieron jefe de equipo.

(Lo que ahora llamaríamos Tech Lead.)

Eso me otorgó un teléfono de empresa. Me creí importante.

(El trabajo era siempre en remoto. Si, en 2008.)

El superjefe

Tenía línea directa con el superjefe Vicente. El visionario que llevaría al siguiente nivel, a la estratosfera, a una empresa familiar.

La crisis se recrudeció. Un mes dejamos de cobrar el extra del variable garantizado.

Empezaron las promesas.

Ya no llegó la nómina. La empresa tiene un agujero como el cielo de grande.

Usé la línea directa.

Siguieron las falsas promesas: cobraréis el lunes, hacemos un plan de pagos...

Hasta que me dijo, muy serio: "Daniel, deja de llamarme porque no voy a darte ninguna solución."

Y colgó.

Nos despidieron según el guión, cuando llevábamos tres meses sin cobrar.

El superjefe acabó años después en la cárcel por ser uno de los socios y promotores de la estafa de iDental.

Cuando dejas de ser importante

Es el día que te levantas por la mañana y te han quitado los galones.

El teléfono de empresa ya no llama a ninguna parte.

(Lo conservo como recuerdo, está calzando una mesa.)

Ya no eres ni jefe ni jefo.

Te asaltan preguntas:

  • ¿Qué he hecho mal?
  • ¿Por qué me han mentido?
  • ¿Qué hago ahora?

Por supuesto aderezado de barba sin afeitar, cabeza hundida en el suelo, sequía de sonrisas, oquedad en la conversación y mal gesto con todo el que te rodea.

Tú no eres el malo

Lo sé, cada caso es completamente diferente.

Pero cuando esto ocurre aparece la nube negra de la culpabilidad.

Algo no has hecho bien.

No estás exento de responsabilidad, pero las empresas terminan siendo el agente más extraño en todo este proceso. Un ente coyuntural con el que se corta la línea temporal.

En definitiva, ya forma parte de tu pasado.

Así que, bien, reflexiona sobre lo que ha ocurrido.

Lo justo.

Hay que romper el bucle.

Vencer a la incertidumbre.

Tres principios que aún conservo y no lo sabía

No era consciente hasta hoy, que he pensado en todo esto.

Hay tres principios que conservo desde aquel despido.

Eso sí, como dijo Groucho Marx:

"Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros"

Son estos:

  1. Mi carrera laboral es mi responsabilidad.
  2. No confío en las promesas corporativas.
  3. Trabaja, aunque sea gratis.

Cómo te digo son los míos. No tienen porque ser los tuyos.

Mi carrera profesional es mi responsabilidad

Seguro que ya lo he contado antes, pero lo repito.

Tenía una amigo en la adolescencia que era rico. Muy rico.

En aquel entonces yo entendía que era rico porque era rico.

(Lógica aplastante, ¿verdad?)

Con el tiempo descubrí, afortunadamente, que su madre y su padre se habían matado a trabajar para sacar una empresa adelante. El esfuerzo tuvo recompensa y eran ricos.

El zarandeo entre ofertas laborales, entrevistas de trabajo y procesos de selección hace que pierdas el norte. Que creas que estás en manos de ellos.

Evidentemente hay que formarse, tanto en cuestiones técnicas como sociales, aspirar a tener un mejor sueldo y una mejor vida.

Nadie dice que sólo por el mero hecho de hacer todo eso vayan a decirte siempre "Si a todo".

Hay que lucharlo.

No confío en las promesas corporativas

Todos mis compañeros/as se volvieron a colocaron en un plazo de tiempo relativamente corto.

Son buenos en lo suyo, era lo normal.

El único que se quedó como freelance fui yo.

Al poco tiempo Javier, dueño de una prometedora startup me ofreció trabajo.

Me hablo de primas por productividad, de extras garantizados, de equipos remotos.

No lo quise.

Ya había arrancado, los ingresos habían vuelto a cuentagotas y me sentía más seguro.

El lenguaje corporativo me desasosiega. En gran medida porque no logro entenderlo.

(No digo que todo el mundo tenga que ser freelance, para nada.)

Trabajar con un equipo grande, en proyectos de nombre es reconfortante, pero ese superjefe utilizaba ese lenguaje en su beneficio y no en el de los demás.

Es algo muy personal, no tienes porqué compartirlo, pero lo tengo ahí dentro.

Trabaja, aunque sea gratis

Otra cosa es que los demás se enteren que estás por amor al arte.

A las pocas semanas de mi despido, empecé a colaborar como freelance con una agencia que se encargaba de grandes proyectos torturando a sus proveedores.

El precio por hora era ridículo.

La calidad del código infame.

Nunca entregarías en plazo.

(Era un "sálvese quien pueda" diario.)

¿Sabes lo que me salvó?

Saber que era una oportunidad. Algo temporal.

En aquel momento había que hacer lo que fuera para volver a estar en la pomada.

Hubiera trabajado gratis.

(Y así lo hice, no te diré hoy para quién.)

No lo sabía entonces, pero esto abrió puertas años después.

Porque sólo si haces cosas, pasan cosas.

El penúltimo renglón

Esta semana va para una comunidad en la que puede que tu también tengas algo que aportar desde casa: Coronavirus Makers.

Y para terminar una colección de recursos, ofertas y posibilidades tecnológicas para combatir el Covid-19: TechForCovidSpain.

Te mando mucho ánimo para aguantar el confinamiento. Ya queda menos.

¡Nos leemos el próximo domingo!

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