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Un programador arrollado por un tren de mercancías

Scott Adams es un coleccionista de fracasos.

Y un genio.

El creador de la sagaz tira cómica Dilbert (sí, la del personaje con la corbata apuntando hacia arriba) se gastó sus ahorros en un portátil.

Era el principio de los 80. Así que hablamos de un "ladrillo portátil".

Tenía un side project muy interesante: programar un videojuego.

Allí se tiró Scott noches enteras dándole a la tecla. Inventándose personajes, planetas (era de ciencia ficción) y diseñando todos los efectos.

Todo desde cero.

Así dos años y pico.

El pico le sentó muy mal al juego.

Se quedó anticuado antes de salir al mercado y vendió muy poquito.

Eran otros tiempos, con la integración continua en fase incipiente e internet escondida en un hangar con misiles balísticos.

A Scott lo que le pasó por encima fue un tren de mercancías.

Con su larga fila de vagones, cuesta abajo, bien cargadito.

Tantas veces estamos en ese punto de decidir cómo empezar. Un nuevo proyecto, cliente o aventura.

Es como ese sueño malo que se repite sin parar. Mirando de reojo para no ser arrollados.

¿Cómo arranco? ¿Compro otro curso? ¿Empiezo de cero? ¿Uso un framework?

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Coste de oportunidad

Te quito la preocupación cuanto antes: No hay respuesta correcta.

El propio Scott reconoce que aprendió mucho, igual que de otros recuerdos que cuenta en su libro "Cómo fracasar en casi todo y aun así triunfar".

No vendió una escoba, es verdad.

Eso sí, aprendió de todo el proceso y flujo de creación de un videojuego. Anda que no da para crear tiras cómicas algo así.

Si programas desde cero tendrás más obstáculos que vencer, pero el aprendizaje será más profundo.

La teoría de las 10 mil horas dice eso, que necesitas esa cantidad de práctica para dominar algo de verdad de la buena.

Si en esa época hubieran existido frameworks de creación de videojuegos, plataformas lowcode o hubiera compartido el esfuerzo para crear el videojuego el time to market (tiempo para salir a mercado) se habría reducido.

Pero entonces no hubiera aprendido tanto de desarrollo de software.

El tren de mercancías atropella cuando menos lo esperas, pero siempre después de un arduo esfuerzo, bien en tiempo o en dinero.

No estamos en los 80

Desconozco por completo el mundo de las aplicaciones para crear juegos de ordenador en la década de los 80.

Fijo que ya existían librerías que facilitaran el trabajo, aunque te las enviaran por correo postal en diskettes.

Ahora tenemos de todo.

¿Cuántas horas pasan los usuarios de Netflix buscando lo que quieren ver?

Estamos allí como las gallinas. Moviendo la cabeza, tirando picotazos aquí y allá, aturdidos con tanto scroll infinito.

Github es el Netflix de los frameworks.

Horas de navegación para encontrar algo que nos facilite la vida. Cosas nuevas a diario.

Incluso, como en mi caso, para ver si algún developer tuvo una idea parecida a la mía y ver si se me enciende la bombilla.

¿No sería mejor invertir tiempo en poner las manos sobre el teclado?

Ya, claro, pero hay tantos atajos.

Hormiga, cocodrilo, elefante

Uno de los secretos de un buen profesional es hacer buenas elecciones.

Hay personas con instinto, es cierto, pero la experiencia es la que marca en gran medida esas decisiones. Otro factor muy relevante son los apremios: tiempo, disponibilidad, dinero.

Así que cada problema entra en un nivel de solución diferente.

Quizás seas de los que quiere tener todo bajo control. Crear desde cero. Construir día a día algo más grande. Es el nivel hormiga.

Tal vez decidas apoyarte en el esfuerzo de otros. Bucear luego en las profundidades de esa librería o framework para dominarlo. Aquí está el nivel cocodrilo.

Prefieres tener todo listo. Dedicarte a configurar de forma precisa un sistema de alto nivel. Estamos en el nivel elefante.

Scott eligió el nivel hormiga en esa ocasión.

Luchó a brazo partido por ella y falló. En aquel momento sentiría un bochorno abrasador, decepción absoluta. 30 años después, no le ha ido tan mal, ¿verdad?

Nuestro tiempo se consume en tomar la opción correcta.

¿No es eso algo que pasa con todo en la vida?

Después de muchos años de "elefante" me pasé a "cocodrilo".

En aquellos proyectos donde la especificación era más concreta, menos transversal.

Uso el "hormiga" cuando hay que aplicar soluciones quirúrgicas en el nivel "elefante".

Menuda selva.

Ojo.

A mi ya me arrollo el tren de mercancías varias veces, en cualquiera de las opciones. No creo que nadie esté libre de ello.

Ni tan siquiera el piloto automático de Aterriza como puedas. :)

El penúltimo renglón

¡Nos leemos el próximo domingo!

PD: Docker siempre triunfa. Es una tecnología mágica que, cuando la descubres, solo quieres más y más.

Habla con Robotito Niusleta!